De repente, los cambios nos asustan. Mas aun si estamos arraigados a un estilo de vida caoticamente comoda. Tenemos miedo del porvenir. Estamos tan acostumbrados a la rutina personalizada propiamente dicha, y nos estancamos ahi. Pero ante un engranaje moviendose en sentido contrario, pareciese que todo deja de tener sentido.
Cuando vemos que los cambios surgen, principalmente de forma obtusamente forzosa, nos importa tanto que tenemos miedo de las mismas.
Pero, a la par, nos damos cuenta que los cambios no debieran ser permanentes. Solo, sufren una ligera modificación.
Aqui estamos, en el porvenir. Tanto por hacer, y tan poco tiempo. La maquinaria se mueve lentamente. Y solo queda esperar tener el temple necesario para sostener de forma firme las palancas que mueven las construcciones.
Tempus Fugit.
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